Estas navidades tuve la suerte de hacer realidad uno de mis sueños, quedarme un par de días en medio de las dunas del Sahara. Tenía muchas ganas de visitar Marruecos (había estado un par de veces por trabajo, pero no siempre tengo tiempo de hacer turismo). Estéticamente, Marruecos siempre me ha llamado mucho la atención. Los colores que utilizan y cómo hacen que se fusionen con la naturaleza, me han inspirado mucho a la hora de vestir durante mi estancia.

En este post os diré dónde fui, mis restaurantes preferidos, lo que me encantó y también lo que no os recomiendo.

Marta Ortiz
En el hotel Selman en Marrakesh

Get the look

Camisa de Zara
Shorts de Levi´s
Botas de Micuir
Gafas de MaxMara

Nos quedamos un par de noches en una casa a las afueras de Marrakesh que alquilamos a través de Airbnb. Yo nunca he tenido muy buenas experiencias por esta aplicación por lo que no lo recomiendo, y menos en un país como Marruecos, en el cuál tienes que tener a alguien que te ayude con la limpieza y la compra. Estuvimos solo un día, así que decidimos dar una vuelta rápida por la Medina, aprovechando para ir a ver el Palacio Bahía y el barrio judío. Cosas que tenéis que saber: el palacio cierra a las cinco de la tarde y hay que pagar la entrada en efectivo. El recorrido se puede hacer en unos cuarenta minutos.
Marta Ortiz
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Marta Ortiz
Bahia Palace

Me encantan los azulejos y cómo mezclan las diferentes formas geométricas entre ellas

Sahara

De Marrakesh, buscamos un chófer que nos llevase al desierto. Era un trayecto de unas ocho horas, de las cuáles dos eran por un camino de tierra y dunas. Tuvimos mucha suerte con el driver, era de Ouarzazate, un pueblo entre Marrakech y el Sahara (que íbamos a visitar a la vuelta del desierto) por lo que se sabía las mejores rutas y ‘’conocía’’ las dunas.

Marta Ortiz

De camino a Nubia Luxury Camp con Youssef, nuestro chófer

La experiencia del desierto es impresionante. No tener absolutamente nada alrededor, escalar una duna y ver un mar de arena infinito, un océano de estrellas por la noche rodeado de un silencio absoluto…todo ello hace que creas que te has teletrasportado a otro planeta. Llegamos el 31 por la tarde, vimos el atardecer, cenamos y nos fuimos a dormir porque estábamos agotados del viaje. Desde nuestra jaima, oímos los cantos que los nómadas del camping prepararon alrededor de una hoguera para celebrar el año nuevo.
Marta Ortiz
Vimos el atardecer desde una duna. Al fondo, el campamento dónde nos quedábamos.
Al día siguiente, los demás huéspedes se fueron y tuvimos la suerte de quedarnos solos en todo el campamento. Nos despertamos temprano para hacer algo de deporte en las dunas, desayunamos y empezamos la jornada. Los trabajadores del campamento nos prepararon un paseo en dromedario por las dunas. Aun siendo pleno invierno, durante el día pegaba el sol por lo que nos recomendaron llevar el turbante Tuareg tapándonos la cabeza y parcialmente la cara.
Marta Ortiz
Marta Ortiz
Marta Ortiz

Get the look

Jersey de Zara
Cinturón de 7 for all Mankind
Pantalón de Isabel Marant
Botines de Zadig & Voltaire

Volvimos al campamento a comer. Nos prepararon un pequeño picnic a la sombra y una vez acabamos, nos llevaron a un camping diferente dónde se podían alquilar quads. Pasamos un par de horas literalmente navegando por las dunas. Fue de las cosas más especiales que he hecho nunca.
Marta Ortiz
Después de hacer (un poco) el bestia con los quads por las dunas, nos llevaron a conocer a una familia de nómadas y ver cómo vivían. Bajo varias hojas de palmera, sin electricidad, cerca de un oasis para tener acceso al agua, y rodeados de todo tipo de ganadería. Nos explicaron cómo era vivir en el desierto y pórque habían decidido vivir así mientras tomábamos el té con ellos.
Yo me enamoré de una cabra de poco más de un mes, a la cual llamé Gilda.
Marta Ortiz
Yo me enamoré de una cabra de poco más de un mes, a la cual llamé Gilda.
Después de tomar el té con los nómadas, volvimos al campamento. Intentamos hacer snow boarding (fue todo un fail, así que mejor no os enseño fotos) vimos la puesta de sol y fuimos a cenar. Como era nuestra última noche, nos prepararon una hoguera, y rodeados de millones de estrellas, uno de los nómadas se sentó con nosotros, explicándonos su cultura y experiencias personales en el desierto. Al día siguiente nos despedimos de Nubia y de aquellas dunas de más de cien metros, y nos dirigimos a Zagora, dónde paramos a comer en Azalaï un Hotel Boutique.
Marta Ortiz
El jardín de Azalaï Lodge

Ouarzazate

Partimos el viaje de vuelta a Marrakesh en dos, por lo que pasamos la noche en Ouarzazate, también conocido como la puerta del desierto. Encontramos un hotel de un español, Côté Sud, situado a las afueras de Ouarzazate.

Marta Ortiz
Marta Ortiz
Adoro el color de las casas hechas de barro y paja. El hotel, también hecho de estos materiales, se camuflaba con el color de la montaña.
Marta Ortiz

Get the look

Chaqueta oversize de Isabel Marant Jersey de Zara
Shorts de Levi´s
Bolso de Loewe
Botas de Micuir

Marta Ortiz
El castillo de Ouarzazate
Al día siguiente dimos una vuelta por Ouarzazate, el » Hollywood de Marruecos». Visitamos el Kasbah (el castillo de la ciudad), fuimos a la autentica cueva de Alibaba dónde quise comprarme media tienda, tomamos el té con la familia de nuestro driver y pusimos rumbo hacía Marrakesh.

Marrakesh

Una vez de vuelta a Marrakesh, nos quedamos en el Selman (sin duda, de los hoteles más especiales en los cuales he estado). Se encuentra a las afueras de la ciudad. Es un hotel precioso en el cual todo gira en torno a los caballos, por lo que también cuentan con establos con posiblemente los caballos más bonitos del mundo. Los restaurantes del hotel no valen la pena, pero sí el spa, con una piscina climatizada exterior.

Marta Ortiz
La piscina principal del hotel Selman, al fondo se encuentran los establos.

¿Qué hacer en Marrakesh?

 

Visitar:

-Los jardines de Majorelle

– El museo de Yves Saint Laurent

– Museo Bereber (dentro de los jardines de Majorelle)

Para estas tres cosas os recomiendo ir temprano ya que se forman unas colas impresionantes. Podéis comprar las entradas de estas tres visitas a la vez en el museo YSL.

-Le jardin secret: un jardín botánico como salido de un cuento de hadas en pleno centro.

– La plaza Jemaa el-Fnaa : plaza en la cual están las serpientes y los monos adiestrados. También es interesante ir por la noche ya que se crean grupos y tocan música en directo, ¡pero cuidado con los bolsos y carteras!

-El Mellah, el barrio judío

– Los zocos de la Medina. Mis puestos favoritos son los que se encuentran en la plaza de las especias. Justo debajo del Café des Épices.

Marta Ortiz
Les jardins Majorelle
Marta Ortiz
Museo YSL

¿Dónde comer?

 

Hay que tener en cuenta que la gastronomía marroquí utiliza muchos tipos de especias, por lo que quizás si no estamos acostumbrados a este tipo de comida, tengamos algo de hinchazón.

Lo que nuca debemos tomar: ¡¡Agua del grifo y hielo!!

Cosas que evitar: ensaladas y frutas sin pelar (la suelen lavar con agua del grifo).

Restaurantes favoritos:

-Le Salama: en la medina. Ideal para tomar una copa y ver la puesta de sol cuándo hace frío puesto que cuenta con una terraza cubierta.

-Café des Épices: se encuentra justo enfrente de Nomad, y al igual que este, también cuenta con un rooftop.

 -Pepe Nero: uno de los mejores restaurantes italianos de la ciudad (por si ya no podéis comer más tagines). Se encuentra dentro de un Riad.

-Al Fassia: el restaurante no es el más bonito, pero es dónde mejor comimos. Cocina totalmente tradicional.

-Bô Zin : perfecto para una cena un poco más divertida. Los fines de semana hay un espectáculo con música en directo y más tarde se convierte en una discoteca. A tener en cuenta: se encuentra a las afueras por lo que hay que ir o con driver ¡o saber regatear el precio con los taxistas al salir!

    -Nomad: este grupo tiene varios restaurantes, pero mi favorito sin duda fue Nomad. Justo encima de la plaza de las especias, comida tradicional marroquí con un toque contemporáneo.

Marta Ortiz
La terraza de Nomad
Marta Ortiz
Comiendo al sol en Nomad
Me encantó comer en el Beldi Country Club, un hotel con un restaurante al aire libre. Vale la pena pasar la tarde paseando por los jardines y tomar el sol en su piscina.
Marta Ortiz
Los jardines de Beldi Coutry Club, una mezcla de campiña francesa con colores marroquíes.
Marta Ortiz
Sin duda Marruecos me ha enamorado (más de lo que ya estaba). Tengo muchas ganas de volver y visitar la parte norte del país.
Si tenéis cualquier duda o queréis añadir alguna recomendación para los demás, ¡no dudéis en dejar vuestros comentarios!

¡Espero que este post os ayude a organizar una pequeña escapada a Marrakesh!