Marta Ortiz
Once de la mañana. Llegamos a Ginebra. Nieve por todos lados. “Menos mal que no tengo que posar en bikini” pienso al salir del avión. Aun así, no puedo ocultar la sonrisa cuando llegamos al SIHH (salón internacional de alta relojería).

Hacía tiempo que no viajaba con mi padre, y verle feliz me emociona. Las próximas 48 horas las vamos a pasar juntos conociendo las novedades de Audemars Piguet, cenando con el equipo que lleva la marca en España, y conociendo la manufactura en Le Brassus.

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“Por su culpa me gusta la formula 1, moto GP y por supuesto los relojes” bromeo señalando a mi padre.

No solo tuvimos la oportunidad de ver las novedades de la alta relojería de Audemars Piguet, sino también de marcas como Cartier, IWC, o Richar Mille entre otras.

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Me enamoré perdidamente del modelo Millenary de Audemars Piguet

Ese mismo día, después de todo el día en la feria, nos trasladaron al hotel Bonmont, a las afueras de Ginebra. Un hotel de ensueño para los amantes del golf (o para los que se quieran ir un par de días de desconexión total). Es un antiguo monasterio del siglo XII, reformado en hotel y club de campo. Debo confesaros que este estilo de arquitectura me encanta, sobre todo que haya tan solo 18 habitaciones, porque me da la sensación de estar en una gran casa familiar.
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El hotel visto desde lo alto
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Mi cuarto, que pese a la niebla de la mañana pude ver a lo lejos el lago

Tras un largo baño y una copa de vino tinto con algunos de los invitados frente a la chimenea del salón principal, nos dirigimos a cenar al Hotel La Reserve.  

La cena no pudo ser más divertida, de lo mucho que me reí, mi servilleta parecía directamente una toallita desmaquillante.

 

Al día siguiente, tras un largo desayuno con vistas a las pistas de golf, empezamos la subida a la manufactura de Audemars Piguet. A cada metro de montaña, la nieve era más y más abundante. Vamos, que eso era Narnia. Y yo no hacía más que preguntarme “¿Pero de verdad que hay gente que vive aquí todo el año? ¿Por qué está la manufactura aquí arriba, en medio de la nada?’’ ‘’Por eso mismo, porque no hay nada’’ me contestaron los trabajadores de la fábrica.

Luego nos explicaron que antiguamente en invierno los agricultores no tenían nada que hacer (obviamente pensé yo), por lo que empezaron a construir relojes, que luego vendían en la ciudad (un hobby de lo más corriente, vamos como quien juega al parchís).

Delante de la manufactura de AP
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Delante de la manufactura de AP
Audemars Piguet nace en 1875 por la fusión de dos familias. Una realizaba la caja y el mecanismo del reloj, y la otra parte se centraba en la gestión y las ventas. A día de hoy, AP sigue siendo una empresa familiar.

Conocer a los artesanos detrás de estas obras de arte (no exagero cuando lo defino así), ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido. Aunque no te interesen los relojes, vivir de cerca la creación de una de estas piezas es mágico.

Algunos de los relojes que vimos se componen de más de 400 piezas, y vimos todas y cada una de las piezas que utilizan (¡algunas tan pequeñas como un grano de arena!).

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Los dos emocionados por la explicación de Francisco Pasandín (abajo), gallego de pura cepa, con más de 30 años de experiencia como restaurador, y  jefe de taller. Un maestro virtuoso de la paciencia y del buen hacer, que te contagia su entusiasmo y amor por su trabajo tan vocacional, con el que disfruta como un niño.
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Francisco nos explica que se tarda más de 45 horas en crear un timbre por cada reloj. Y nos cuenta con pasión “el relojero es un músico que debe afinar los timbres, según la melodía que toque. Cuanto más fina queremos la melodía, más hay que limar, ¡pero nunca pasarnos, porque tiraremos dos días de trabajo directamente a la basura!.

Una vez hechas todas las piezas, antes de ensamblarlas se decoraban, mostrándonos el antes y el después, y cómo las piezas del “antes” se podrían ensamblar perfectamente, pues la decoración no afecta al movimiento.

Marta Ortiz
Lo que miro con la lupa, y lo que se ve a través de ella. Toda la mecánica de uno de los diseños grabados por un único artesano.
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Toda restauración se documenta y se hace un libro ilustrativo al respecto.

En lo que parece un simple armario (es todo fachada, realmente es una cámara acorazada), se guardan las cajas históricas donde se encuentran los relojes “veteranos” de la marca y de otros desaparecidos que son restaurados. En ellas se encuentra el reloj en cuestión desarmado, con todas las piezas, y con el historial completo, dónde consta lo realizado en el reloj, el tiempo empleado, hasta donde alcanzó el trabajo y los distintos maestros intervinientes.

Así, si un reloj necesita una pieza de recambio, siempre hay un modelo al cual el maestro relojero acude para copiar una de las piezas faltantes o rotas. Cuando acaba el trabajo, vuelve a dejar la pieza “original” en su caja. Con este sistema nunca faltan piezas.

Después de comer frente al lago, el equipo de AP nos enseñó la parte de la manufactura más reciente, allí donde crean las complicaciones relojeras. ¿Eso qué es?

Como el nombre indica, son los relojes más complejos. Es todo aquello que se le añade a la hora, como es el tourbillon, el calendario perpetuo, el cronógrafo, la alarma, las fases lunares, etc.

Modelo Royal Oak grande complication
Marta Ortiz
Modelo Royal Oak grande complication
Cada modelo se monta y desmonta hasta tres veces para ver que todo funciona según lo previsto. Los maestros relojeros tardan una media de ocho meses en crear un reloj de gran complicación, vamos como un embarazo.

Le pregunté a uno de ellos si no le daba pena entregar su creación al final de todo el proceso, y efectivamente, me contestó que cada reloj que había creado era como un hijo para él.

 

Me quedé con ganas de saber más sobre el mundo de los relojes. Y es que ya me avisaron, cuanto más te adentras, más quieres saber.